Un pequeño oasis de tiempo
En un mundo donde todo va a una rapidez desorbitada, donde todo parece tener un tiempo finito, a veces encuentras pequeños oasis de tiempo.
Aquí puedes parar. Ver cómo las piezas se crean poco a poco, cómo van cobrando sentido y cómo pueden convertirse en el amuleto que te acompaña donde vayas.
Crear con tiempo, sensibilidad y sostenibilidad
La vida de Ginger and Velvet, su razón de ser, tiene ese objetivo. Detrás de cada colección hay una inspiración y un gran trabajo, pero sobre todo hay una consciencia presente: las colecciones nacen y crecen del momento que habitamos. Y después cada pieza se desarrolla con la vida de quien la lleva.
Porque las piezas no son sólo elementos decorativos. Cumplen muchas funciones: tienen una función estética, también de autoestima, de seguridad, e incluso muchas veces han sido y son portadoras de secretos.
Una cocina abierta
«El mundo de Ginger and Velvet es la cocina de mi proceso vital, por eso cuece con honestidad y a fuego lento. Además es una cocina abierta en la que cualquiera puede entrar.» — Maite G. Tejedor
Y lo de la cocina abierta es literal. Nuestro taller de la calle Alameda 4, en el Barrio de las Letras de Madrid, está abierto al público: puedes entrar, ver las piezas, probártelas y, si coincides, vernos trabajar.
Cómo se hace una pieza
Se trabajan una a una: se cortan con segueta, se sueldan con soplete de orca, se les da forma con las manos y otros útiles, se lijan, se pulen, se matean y se doran. Sólo entonces empieza el esmaltado, con resinas libres de bisfenoles.
Aleación de cobre con baño de oro de 24 quilates, lacado antialérgico y esmalte aplicado a mano, capa a capa. Por eso no existen dos piezas idénticas: las pequeñas variaciones son la huella de que la hizo alguien, y no una máquina.
La belleza de lo cotidiano
Nuestras piezas están pensadas para usar cada día; tú eliges el momento. Para caminar, saltar, bailar, correr a por el bus, trabajar en lo que más te gusta y en lo que te gusta un poco menos, esperar, volver a casa pronto o a las mil, reírte tanto que piensas que podrías quedarte sin aire… y usar la misma pieza lo suficiente como para que se adapte a tus formas, a tu manera, y se vuelva familiar.
Así es como Ginger and Velvet concibe la belleza de lo cotidiano: no como algo ajeno al uso, sino como algo moldeado por él.
